Bitácora de un acompañante

Un día soleado a 22 de abril de 2019 un grupo de estudiantes del ciclo formativo de Formación Profesional de Informática del IES. Leopoldo Queipo emprende una aventura de enriquecimiento personal y perfeccionamiento profesional en tierra Lombardas, una tierra impregnada de la grandeza de CarloMagno, padre de la Unión Europea  y Leonardo Da Vinci, un polímata florentino del Renacimiento italiano que ha “iluminado y ensombrecido” con uno de sus más célebres obras “La última cena”. Brescia es nuestro destino

 

Heme aquí en el aeropuerto de Barajas a las 12:15 con este estupendo grupo de estudiantes, que sin conocernos en profundidad, ya ha habido claros indicios que auguran que viviremos unos días disfrutando a tope de esta gran experiencia.

 

Ya estamos en Milán, nos ha recogido el conductor del transfer, que por cierto era originario de Rusia. Nos traslada hasta Brescia, habiendo invertido 1 hora y media de recorrido. Por fin, y una vez en la Residencia Casa Marcolinni Faccella, nos recibe Juan Carlos, el señor de recepción, quien tras la bienvenida y registro, nos acompaña para echar una ojeada a las habitaciones asignadas y espacios comunes.  Los chicos me acompañan a mi hotel a unos  10 minutos de distancia, descansan un poco en el comedor/sala de estar de mi habitación, después de los cual, salimos a cenar. Este día al ser festivo en Italia, hay poco movimiento y prevalece la quietud, eso sí, los coches circulan con mucha temeridad y respetan poco los pasos de peatones, hecho que me recuerda a los conductores portugueses. Al final, decidimos por unanimidad comer en un restaurante recomendado por Almudena “Restaurante Il Moro”. Pedimos un menú cena por 10 euros que mereció la pena, ya que incluía una pizza grande y sabrosa, agua, postre y café. Y Javier que contradijo el consejo de su padre de pedir pasta en Italia, termina vertiendo toda el queso en la pasta para darle más volumen a un plato pobre. Ainhoa tomó café con nosotros lo que le coste una noche de insomnio y “visiones”. Mohamed el otro gran afectado por el café, o al menos eso quiero pensar, veía fantasmas en su cuarto, alegando que su maleta erecta todo la tarde, se volcó delante de sus narices por algo que él atribuye a una fuerza sobrenatural. O sea, un película de terror. Esto, junto a la dosis de cafeína y haberle contando el suceso paranormal a Ainhoa, le provoca a ésta un estado de pánico, no habiendo conciliado un momento de sueño.

 

A la mañana siguiente del martes, voy a recogerlos para empezar las gestiones y presentarnos a las 9 am en las dependencias de Mistral donde conocemos a Aurora y Natalia, esta última venezolana, lo que gracias a su generoso ofrecimiento accede a ser nuestra traductora e interprete y quien por suerte, nos acompaña a las oficinas de la Seguridad Social para obtener el código fiscal de cada alumno.

 

Una vez los alumnos han sido fichados por el fiasco, nos vamos con Natalia al Youth Point del casco antiguo para sacar el carnet de transporte de biciMía aprovechando de camino, el itinerario de obligada visita, entre otras, la Piazza Loggia con su reloj astronómico, cuyo funcionamiento se remonta a la época del Renacimiento, Santa Giulia y la Piazza Paolo VI con sus dos catedrales, la vieja y la nueva. Después Natalia nos deja a nuestro rollo y dado que el Youth Point no tenía “lockers” para las bicis nos remiten al otro Youth Point de la estación de trenes. Estando allí aprovecho para comprar mi billete de vuelta para Milán. Una vez terminadas las gestiones y haber obtenido las tarjetas magnéticas para las bicis, nos vamos a comer a un Kebab turco, para comer y hacer tiempo para volver a Mistral de nuevo a las 15 horas, donde concertamos una reunión con la famosa Antonnella.

 

Allí en Mistral, conocemos a Antonella, la única en Mistral que habla un inglés decente y donde se marca el “pistoletazo de salida” en la experiencia Erasmus de nuestro 4 mosqueteros del Queipo.  Después de concluir la reunión y formalizar los contratos y acuerdos con Mistral, volvemos a la residencia y hotel respectivamente, para pegar una cabezada y descansar un poco. Allí acordamos salir a hacer las compras a partir de las 18:30. Fuimos al Spar y allí salimos con la manos vacías y el corazón encogido por los precios tan altos comparados con los acostumbrados en Melilla. Vamos recomendados a otro super, “Aldi”, que abrió sus puertas no hace mucho,  a unos 20 minutos andando. Por fortuna y gracias siempre a Dios, encontramos un supermercado con precios muy competitivos y productos de calidad y variados. Sólo después de eso, los chicos suspiraros, a la vez que Javier se ofrecía a cocinar Arroz Rissotto, por lo que deciden no salir a cenar fuera. Consecuentemente, decidí adquirir provisiones para comer en el hotel por no contar con compañía para comer fuera.

 

En la mañana del miércoles 24, Javier queda con Antonella para estar a las 9 en Mistral para dirigirse con ella a su primera presentación en el centro de Formación Profesional asignado, y a las vez que Sufian tenía su primer contacto con Sara, la señora encargada de las IT, sito en las mismas dependencias de Mistral, donde desarrollará su etapa de prácticas. Mohammed y Ainhoa tendrán su presentación e incorporación el mismo día lunes 29. Quedamos todos a las 9:30 en Mistral desde donde se decidió ir a Verona y si hubiera billetes a Venecia. Llegando a la estación de tren, decidimos comprar los billetes para ir a Venecia, pero por desgracia se produjo un retraso que mermó un poco nuestras ganas, por el poco tiempo que teníamos hasta la hora del último tren que partía para Brescia, que no eran algo más de cinco horas.

 

Los “cuatro” mosqueteros y Dartañan ya están en la bellísima y única Venecia, única por sus puentes, callejuelas y un encanto que nos enamoró. Entre callejuelas y calles estrechas, surcadas por góndolas y atravesadas por variopintos puentes, no detuvimos en una “pequeña cueva” donde tomamos una de las más sabrosas porciones de pizza italiana. De todo, lo que más nos impacto fue la plaza más importante de Venecia, S. Marcos, patrimonio de la humanidad y además bien merecida, que Napoleón la definía como “El salón más bello de Europa”, que se refirmaba desde lejos por su gran torre, ésta con un parecido que me recordaba a la Giralda de Sevilla y el minarete de Al-Kutubia de Marrakech. La plaza S. Marcos,  tan bonita y glamurosa por sus fachadas y selladas por un reloj, hermano de la que vimos en la Piazza Logia y nada que decir de su basílica Desde los puertos de la plaza S. Marcos veíamos unas iglesias sitas en las riveras, que más bien parecían espejismos por su belleza y contraste en una tarde nubosa. De vuelta, con las piernas reventadas y los chicos con una gran energía reconocían que el tiempo tenia lo que universalmente conocemos como “Baraka” y de camino a la zona “FerroVia” de la estación de tren via dell’Accademia, tomamos, como no, un sabroso “Gelato Veneciano”.

 

De vuelta a Brescia a las 22:30 vía Verona, los chicos cogen la bici y les acompaño haciendo footing hasta la residencia, y con un poco de mala suerte habríamos tenido que tirar del seguro, porque por poco un autobús de atropellaba en un falso ángulo de visibilidad cuando el semáforo estaba en verde.

 

Los chicos los he dejado muy contentos y forman una gran piña. Lo harán estupendamente.

 

Esta historia continúa… os toca a vosotros chicos.

 

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